Es un privilegio que Dios me ha dado poder hacer tantos amigos en tantos paises diferentes y ni hablar de poderlo hacer mientras comparto con mi tipo de gente preferida, los lideres de la nueva generacion. Pero lo de venir al aeropuerto (ahora escribo desde el de Miami) cada fin de semana, cargado de valijas, corriendo con los chicos, hacer check-in, pasar por seguridad y luego despegar en el avion (la parte que me da mas miedo) se lo regalaria a mi peor enemigo…
Es definitivamente un sacrificio. No me quiero hacer el martir, porque cuando llego y hago lo que me gusta hacer, todo cobra una nueva dimesion. Pero es en este punto - en el aeropuerto- que siempre estoy tentado de voler a casa, hacer lo que hacen los esposos y mirar la tele…
Hace un tiempo escuchaba a un pastor decir que a el le gustaria tener el pasaporte lleno de sellos y viajar todo el tiempo. No le dije nada, pero pense en voz baja que le regalaria el mio. Algunos creen que es muy glamoroso viajar. Pero cambiar de clima, horario, cama, comida y estar lejos de los tuyos cada fin de semana es definitivamente un precio a pagar. Gracias a Dios en cada ciudad hay gente que intenta hacerme sentir en casa No siempre lo logran, ja, pero lo intentan. Y eso cuenta. Por eso termino por el comienzo de este post> gracias Dios por los amigos que he podido hacer en tantos lados. Un abrazo a punto de subirme a otro avion.